“Un cambio de estructuras, pero sobre todo de costumbres”

Es apasionante el tema de los modelos organizativos que están surgiendo con el cambio de paradigma (del árbol a la red) en el que estamos metidos. Cómo las instituciones culturales, sociales, políticas, económicas… están iniciando procesos (unas más rápidas que otras) para poder adaptarse a la nueva realidad, compleja, dinámica, cambiante, multicausal… Y cómo la forma-red es la estructura que mejor se adapta a estos entornos.

Entonces, ¿en qué lugar quedan las instituciones? Cómo se adapta su organigrama? Cómo puede localizar, transferir, gestionar sus recursos escasos? Cómo valorar y poner a trabajar los recursos intangibles, aquéllos que priman en las organizaciones sociales-culturales? Cómo generar entornos transparentes y donde prime la confianza, de manera que todos los actores/personas reconozcan que su aporte es valorado? Qué forma darle a una transferencia transversal de conocimientos en una institución? Cómo adoptar algunos principios de la “ética hacker” e introducirlos en nuestras organizaciones estáticas, vetustas, pesadas…?

Muchas preguntas a las que le damos vuelta en los últimos tiempos. Los talleres en la Línea Sur fueron un poco sobre estos temas; nuestra colaboración actual con el MPCN parte de las mismas preguntas… Creemos que vamos avanzando, de a poco. Seguimos con más preguntas que respuestas. Porque hay mil respuestas. “Caminando, preguntamos“, dicen los zapatistas. En esas andamos…

Las mismas preguntas, tal vez mejor hiladas, se hacen en Colaborabora.

Hackeando la academia: prácticas pedagógicas bottom-up

Interesante este nuevo proyecto de uno de los “grupos asociados” al @medialabprado.
La generación de conocimiento ha traspasado los límites de la Universidad, ha estallado hacia el conjunto de la sociedad: “Hoy TODOS somos investigadores: todos producimos datos, analizamos esos datos, y ensayamos teorías sobre sus alcances, efectos y repercusiones. Todos producimos evidencias“, dicen en http://www.prototyping.es/hacking-academy-studio
El proyecto busca analizar las diversas metodologías de investigación de los colectivos ciudadanos, lindando la investigación-acción, la etnografía, la auto-encuesta…
Sabemos de la capacidad que existe de generar conocimiento durante el proceso mismo de experimentación social, cultural y/o política, un conocimiento que es recíproco, distribuído. Por otro lado, estos investigadores-militantes son quienes tienen acceso directo a las fuentes necesarias para desarrollar un proceso de investigación… y algo similar ocurre con el creciente acceso a estadísticas oficiales impulsado por el movimiento del open-data.
Generalmente estas prácticas de autoformación y prácticas pedagógicas colaborativas colisionan con el status quo (Universidades, editoriales…).
¿Porqué no, entonces, comenzar un proceso de “hackear la academia” (que ése es el nombre del proyecto)?

Este proyecto estaría vinculado al excelente libro “Nociones comunes. Experiencias y ensayos entre investigación y militancia.“, editado por @traficantes (disponible 100% para descarga en la web de Traficantes y cuyo prólogo se puede acceder en http://eipcp.net/transversal/0406/malo/es).

Interesante para promover iniciativas similares en la zona, nuevos espacios de aprendizaje con gente que tenga un pie dentro y otro fuera de la Universidad, para generar un conocimiento situado, para desburocratizar la institución universitaria y para proponer y experimentar nuevos formatos de investigación colectiva. Ahora resta pensar cómo empezar tamaña empresa…   ;)

La oportunidad de la nueva Casa de la Cultura en Roca

En los últimos meses se ha hablado de la creación de la Casa de la Cultura del Bicentenario en General Roca. Esta “nueva” Casa de la Cultura ocuparía las instalaciones donde se ubicaba, hasta hace unos años, el Museo Municipal Vintter. El proyecto se enmarca en un programa de Nación en el que están involucrados diferentes organismos (Ministerio de Trabajo, INCAA o INTeatro, entre otros).
El plan es remodelar el espacio de la calle España (entre Mitre y San Martín, frente a la plaza), manteniendo la fachada, para construir allí un auditorio de usos múltiples y la nueva sede del Museo Municipal de Bellas Artes.
En la entrevista realizada en el programa de radio “Desde el Café” del 29 de Junio, el Director de Cultura del Municipio, Ricardo La Sala, da detalles de la “fase de obras” del proyecto y del origen de los fondos. Sin embargo, no se hace mención alguna al tipo de contenidos que se desarrollarán en esta casa cultural, ni unas directrices o ejes de programación. Esto nos motiva a compartir nuestras opiniones sobre las inmensas posibilidades que presenta un emprendimiento de esta envergadura: creemos que un espacio de este tipo, en una ubicación central como la que ocupa, es un proyecto a planificar teniendo en cuenta los intereses de los agentes culturales de la ciudad y las necesidades de sus futuros usuarios.

La ubicación física de este espacio cultural y sus dimensiones son un importante activo para la ciudad. Un equipamiento de estas características puede ser un revulsivo a nivel físico (al estilo de un artefacto urbano que transforma su entorno), a la vez que podría actuar como catalizador de diversos procesos ciudadanos, posicionándose como un espacio de formación y producción cultural, inserto en su territorio, consciente de su entorno próximo. Nos gustaría pensar en un equipamiento que invite a ser abordado por los ciudadanos y por los profesionales de la cultura, para generar nuevos espacios de socialización del conocimiento y producción cultural.

También es interesante la relación que este espacio puede tener con su entorno más cercano: la plaza y la Biblioteca.
Un centro cultural en este lugar, frente a una de las zonas menos utilizadas de las plazas centrales, podría actuar como activador o cualificador de ese espacio público, añadiéndole diversos puntos positivos: referente simbólico, visibilidad y seguridad, mayor diversidad de usos, mayor implicación y empoderamiento ciudadano, etc. Una de las formas de lograr esto es a través de un incremento de actividades socioculturales en la plaza (ciclos de música, proyecciones, espectáculos infantiles…), actividades, decíamos, que doten a este área de valores y significados ciudadanos, creando así un espacio público de calidad e inclusivo. Así la plaza recuperaría sus funciones de centralidad urbana.
Esto también podría llevar a una revitalización de la cercana Biblioteca Popular Julio A. Roca: este equipamiento histórico posee un alto valor simbólico como referente social y cultural para la ciudadanía de General Roca. El desarrollo de una mediateca o de una plataforma tecnológica para difundir contenidos digitales y una mejora en sus infraestructuras, redundaría en una reactivación y aumento en el uso de sus instalaciones, posicionando a la biblioteca como un centro difusor de cultura y de referencia para el acceso y búsqueda de información. A la vez, se introduciría la variable de las TICs como herramientas de expresión y creación de conocimiento que dan lugar a unos ciudadanos activos.

Un elemento que podría servir de nexo entre estos tres espacios (espacio cultural, plaza y biblioteca) sería un dispositivo comunicacional, a modo de librería (cambiante según temática) y espacio de proyección, que facilite el debate ciudadano, la investigación social y la generación de conocimientos con base local.

De este escenario se desprende la enorme posibilidad que surge al crear un espacio cultural abierto, poroso, en el que no se hable de audiencia o espectadores sino de participantes activos, comprometidos de manera positiva a través de programas y proyectos. Un espacio intergeneracional que los diferentes agentes culturales de la ciudad tomen como propio, y que actúe como plataforma de producción para el desarrollo y la visibilidad de contenidos culturales locales, experimentando caminos no-verticales de acción cultural. En fin, un espacio así (mejor dicho, una entidad así) demandará una estructura organizativa nueva e innovadora, que tenga plasticidad y adaptabilidad a las variadas propuestas y que interiorice, en su ADN, los valores, actitudes y procesos característicos de la colaboración, la horizontalidad y la experimentación en el ámbito cultural.